Poniatowska recibe el Premio Cervantes

La escritora mexicana Elena Poniatowska este miércoles ha recibido el Premio Cervantes, considerado como el Nobel de las letras hispanas, describiéndose como una Sancho Panza que habla de “andariegos comunes”.

 

El Cervantes se concede “a una Sancho Panza femenina”, que “no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan”, dijo Poniatowska.

 

«Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, ‘ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas'», decía Poniatowska.

 

La galardonada estaba rodeada de sus tres hijos y de siete nietos, y vestida con el traje «rojo chillón y amarillo» que le regalaron las mujeres de Juchitán (Oaxaca, México), para que se lo pusiera en las ocasiones solemnes. Y la de hoy lo era.

 

Un discurso reivindicativo y crítico con el poder, con los que no ayudan a los más desfavorecidos, que la llamada «princesa roja. En una época como la actual, en la que el poder financiero «manda no sólo en México sino en el mundo», la escritora reconocía que los que se enfrentan a ese poder y «lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza, son cada vez menos», pero a ella le «enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos».

 

Fue un discurso con pocas referencias a Cervantes, aunque, como ella ha contado estos días, el primer borrador que hizo sí hablaba del Quijote y de las mujeres del genial escritor, pero le salió «horripilante de la patada» y decidió cambiarlo.

 

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